Reflejos

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|Por Andrea López|

Lidiar con inseguridades, con lo que el espejo nos muestra cada día, es complicado. No desaparecen por arte de magia con frases motivadoras pegadas en notas enmarcando paredes, libretas o el fondo de tu celular; no se eliminan con sólo escuchar un “tú puedes”, “eres bonita”, “qué bien luces”, “mantén una actitud positiva” o cualquier otro diálogo incluido en una charla motivacional con el amigo frente a ti. No. Las inseguridades son complicadas, demasiado, y ciertamente indisolubles por más que el resto del mundo físico y digital afirme lo contrario.

Recientemente se estrenó en cines la película “I Feel Pretty” (o, como la magia de los traductores tituló en español, “Sexy por accidente”).  Por razones ligadas literalmente al contenido del film, me quedo con el título en inglés, incluso si no fue hasta el corte final que me enteré que se llamaba así. Culpemos a la magia del internet y a los benditos sitios web de streaming. No estuve al tanto de la promoción: del teaser, de los tráilers 1 y 2, de los posts, de la alfombra roja… de todo eso no me enteré a tiempo porque en realidad no recuerdo haber visto una amplia difusión de la película.

Lo que sí llegué a mirar en la tele fue el corto del corto: unos segundos donde muestran el gran cambio que una mujer tiene tras un accidente en la clase de spinning, la cual la hace creer que ha cambiado físicamente cuando en realidad el resto de las personas sabe que no es así. ¿O no lo era? Recuerdo bien que en esa única ocasión frente a la pantalla, creí que la película iba a ser una más de aquellas comedias donde ocurren situaciones chistosas cada cinco minutos, incluyendo bromas al estilo de otros films, pensamiento al cual contribuía el título tan hilarante en español.

Desde el inicio te das cuenta que no va a serlo.

Sí, el desarrollo de la trama lleva a situaciones chistosas para el ojo del espectador, pero éstas son congruentes y verosímiles. 

Pero lo que más rescato son los espejos. 

Ilustración por Patricia Palacio

Renee es una chica poseedora de un hermoso espejo ovalado de cuerpo entero en el que puede observarse cada que vuelve a casa. La continua vuelta al departamento, el ritual de irse quitando cada prenda de ropa, la mirada caída frente al espejo… Un suspiro de resignación.La siguiente vez que Renee se mira frente a un espejo es directamente después de su incidente justo al iniciar el pedaleo alocado de spinning.

Como bien había visto en el minitráiler, Renee, a pesar de su incomodidad, se motiva al escuchar las palabras de la coach, tanto que se acelera, se atora su máquina, cae, se atora su cabello con la máquina de otra y termina desmayándose.

“I’m beautiful!” exclama al verse en el espejo de los baños, mientras que la recepcionista se desconcierta ante la actitud de una mujer que claramente seguía igual que hace cinco minutos. Pero Renee no veía eso. Brazos, piernas, rostro, todo había cambiado y ahora poseía la figura que tanto deseaba, derrochando confianza por doquier. Volver a casa y realizar su desvestir ritualístico es ahora una maravilla, tanto como pasar delante de vidrios, echar ojo al espejo sobre su cama, entrar a un concurso de bikini, asumir que todos quedan boquiabiertos al verla tan diferente.

Es frente a otro espejo que la magia se pierde y vuelve a ser aquélla que tanto aborrecía. Ocultándose de todos, se siente inmerecedora de sus miradas, de que vean que su figura no es de la modelo escultural que tanto éxito tuvo desde el gran cambio. Y cuando finalmente acepta que no hay posibilidad alguna de volver a la mujer que adoró y actúa en consecuencia, tiene el momento catártico de la película.

Ya no son espejos, sino fotos suyas, que a ojo de Renee muestran la comparación entre la mujer sexy y hermosa que llegó a ser durante esa época y la trágica versión que había sido y era, mientras el resto de quienes la están viendo se mantienen estupefactos al no entender qué sucede, como ocurría cada vez que Renee se encontraba hablando de la bella mujer que era.

Y allí, frente a las fotos, es cuando se da cuenta que siempre fue la misma, que su cuerpo nunca cambió, sino su manera de verse, adquiriendo cualidades que la hacían resaltar entre la multitud. 

Enfrentándose.

Enfrentada a los espejos fotográficos, reconoce en ambos retratos la cualidad de ser Renee.  Lágrimas, felicidad, conclusión satisfactoria del film. La protagonista vive en paz y todo termina bien. Pero obviamente es película, y aunque deja el claro mensaje de aceptación como herramienta fundamental para elevar el autoestima, el cambio no sucede así, por arte de magia (o de un golpe, en este caso). Para una persona con baja autoestima y problemas de sobrepeso,el ritual de observarse cada día es un desánimo constante al ver imperfecciones unidas en una armadura de inseguridades.

Y aunque se intente cambiar la actitud y hacer uno de esos retos de enumerar cinco cosas que nos gusta de nosotros, aunque uno se inscriba en cursos y talleres, aunque se diga “voy a despertar e intentarlo”, en definitiva es más complicado y extenuante lograr no un cambio físico, sino mental. Aunque haya millones de testimonios con los que uno se pueda sentir identificado, siempre está ese reflejo que hace exclamar imposibilidades absolutas. 

En las películas, el mundo se abre para quienes son, como Renee, protagonistas de historias de esta índole a partir de un hecho extraordinario. Pero, ¿saben? En la mayoría de las ocasiones no ocurre así. No habrá el camino fantástico que súbitamente te haga sentir bien. Sólo enfrentamientos constantes con lo que nos muestra aquél espejo de cuerpo entero con la esperanza de que un día podamos gritar “I am beautiful!” y realmente creerlo, no sólo sentirlo por unos instantes cual título filmográfico, a sabiendas de que no siempre pensaremos que lo somos, pero teniendo el autoestima suficiente para entender que tenemos la capacidad de creer y enfrentarnos a  nosotros mismos, a pesar de la variedad de los días. 

¿Qué les dice su reflejo hoy?

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