Bajo la superficie del granado

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|Por Tania Escobar|

El amanecer acaba de arribar en la casa de la esquina, a su lado el árbol de granado se levanta más alto que el edificio, ha crecido hasta alcanzar los seis metros y extiende las tortuosas ramas en todas direcciones. Por debajo, las astillas más pequeñas dan rodeos para llegar fuera del frondoso caos; en las sombras, donde no hay ni un solo fruto, los pájaros hacen sus nidos. Grandes esferas de un color encendido reposan en la tierra seca, allá arriba donde el sol las pone más coloradas, otras cuelgan a punto de reventar.

El granado se levanta orgulloso, pero el trabajo lo hace por debajo de la superficie, donde expande sus raíces hasta los cimientos del edificio, lentamente, sin aparente propósito. Las puntas de sus tallos dan con una pared herrumbrosa, primero penetra el moho y tras superar el hongo consigue agua de las tuberías. Más raíces se van enredando en la maraña de tuberías, poco a poco van movimiento de lugar la estructura, empujando el piso de la casa, creando pequeñas anomalías que terminarán por destruirla. Las grietas empiezan en esquinas donde nadie las ve, para terminar con laberínticos mapas en las paredes de ladrillo. Las hendiduras consiguen llegar al piso de arriba donde se propagan por el suelo, hundiendo la loseta, que termina por combarse, haciendo imposible caminar sobre ella. 

Ilustración por Angeles Diaz

En el jardín, el granado permanece sereno, está repleto de sus gigantescas granadas de un rojo apetitoso, listas para comerse. Arriba su escarlata es más llamativo y son alimento para pájaros, que sacan cada grano de jugo, dejando esferas huecas. Cuando el viento sopla con la suficiente fuerza para mover el granado, antes estático, se oye un leve chasquido, apenas audible para los pájaros que emprenden el vuelo, pues presagian que algo va a suceder. Se oyen los aleteos y se oscurece el sol cuando sus sombras pasan por enfrente. El granado comienza a inclinarse, debajo, sus raíces hacen estragos aferradas con fuerza a las tuberías, mueven los cimientos de la casa, salen chorros de agua y el árbol va arrastrando toda la caótica maraña que ha creado.

En la casa, primero se expanden las hendiduras ya existentes, después se unen unas con otras, lo primero en caer es el techo, las paredes se desmoronan levantando una nube de polvo. Se ven las entrañas de la casa mezcladas con las raíces más largas que el granado ha sacrificado para poder beber, éste ha dejado de moverse, tarda un tiempo hasta que la casa se desmorona por completo y el polvo se asienta. El árbol de granadas se mantiene casi intacto en su pequeño terreno, sereno, con las hojas verdes movidas por el ligero viento.

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