Crónica de un feminicidio anunciado

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|Por Reyna M. Leaño|

En el transcurso de la insípida cotidianidad recurrente, al llegar el fin de la jornada…


El camino a casa se convierte en una persecución latente.


Cuadra tras cuadra se avecina una agonía, las calles estrechas y oscuras que favorecen este pánico del día a día.


No uses escotes, mucho menos faldas, hay que pasar desapercibida ante todas las miradas.


Camina más rápido, camina sin mirar atrás, toma el primer bus, entra a la primera tienda, mantén siempre a la mano tu gas pimienta.


Pareciera una pesadilla que nunca acaba, ni al llegar al bus, ni a casa, mi verdugo se encuentra en todas las paradas.


¿Quién será aquel que nos atosiga en cada esquina? ¿Será que no se cansa? ¿O qué acaso no le importa herir a una niña?


Es el enemigo colectivo, se llama misoginia, hijo del patriarcado nuestro pan de cada día.

Dame la mano hermana, caminemos juntas, de noche o de día, autodefensa feminista.

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