La “Lolita” de Humbert Humbert: la construcción de un ideal femenino patriarcal pt. I

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|Por Cristina Marquéz|

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía.  Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con un solo calcetín. Era Lola en pantalones. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.” Vladimir Nabokov

El presente trabajo pretende analizar la novela “Lolita” del ruso Vladimir Nabokov desde la teoría feminista, específicamente de Sandra Lee Bartky, profesora emérita de Filosofía y Estudios de Mujeres de la Universidad de Illinois en Chicago y doctora en Filosofía de la Universidad de Illinois. Se propone, conforme a parte de la obra de Bartky, “Feminidad y dominación”, mostrar cómo el prototipo de “nínfula” en Lolita, una niña de doce años, representa la construcción de un ideal femenino patriarcal imposible de alcanzar para cualquier mujer, fungiendo como patriarca el propio Humbert Humbert, personaje principal de la novela.

    Antes de entrar de lleno en la teoría, vale la pena retomar la primera cita que se ha puesto en este análisis. Se ha decidido subrayar el adjetivo posesivo “mi” y el propio sobrenombre “Lolita”. Esto, con el fin de ir planteando la cosificación que hace Humbert Humbert de una niña llamada “Dolores Haze” a una “nínfula” a la que ha llamado “Lolita”. En dicha cita, la niña pasa a ser distintas cosas: luz de una vida, un pecado, un alma, una “Lolita”… todo con un dueño específico referenciado con el adjetivo posesivo “mi”. Este dueño es “Humbert Humbert”. Con esa cita, precisamente comienza la novela, proponiéndose desde un principio a “Lolita” no como una niña, sino como algo de alguien más. A lo largo de este trabajo se pretende ubicar en ese “algo” la construcción de un ideal femenino patriarcal.

     Se iniciará con una cita de Bartky, del capítulo sobre Foucault, la feminidad y la modernización del sistema patriarcal, en el libro antes mencionado.

“Hoy en día, un cuerpo de mujer masivo, poderoso o abundante produce rechazo. El cuerpo actual de la moda es tenso, de busto pequeño, de caderas estrechas y de una delgadez que roza la frontera con la demacración; es una silueta que parece más apropiada para un adolescente varón o una niña entrando a la pubertad que para una mujer adulta. Debido a que las mujeres comunes y corrientes normalmente tienen dimensiones muy diferentes, es obvio que deben hacer dieta.” (Bartky, p.139) 

     Resulta imposible no relacionar “el cuerpo actual de la moda” descrito por Bartky, con las características de las nínfulas, que son precisamente las descritas en la cita, “una niña entrando a la pubertad”. Pues, finalmente, las nínfulas de Humbert tienen de entre 9 y 13 años. Conforme al rechazo del cuerpo de mujer masivo, poderoso o abundante, ello se puede encontrar definitivamente presente en la obra de Nabokov desde la perspectiva de Humbert Humbert hacia su esposa Charlotte: “Visualizaba con demasiada realidad sus ancas pesadas, sus rodillas redondas, el busto maduro, la áspera piel rosada del cuello (áspera en comparación con la miel y la seda) y todo el resto de esa cosa lamentable y chata que es una mujer.” (Nabokov, p.41)

     Con la descripción de “la cosa lamentable y chata que es una mujer”, y la completa contraparte de la “belleza” de las nínfulas, que se especifica contraponiendo la piel “áspera” de Charlotte contra la piel de “seda y miel” de su nínfula por especialidad: Lolita, encontramos precisamente la construcción de mujer ideal que ninguna mujer será capaz de alcanzar. ¿Por qué? Porque es biológicamente imposible. Y en un intento por lograrlo, tanto en la sociedad actual como en la sociedad que dibuja Nabokov en su obra, las mujeres se ponen a dieta.

     “Envuelta en su aura nauseabunda, (…) sonrió a su plato vacío (estaba a dieta), y dijo que ojalá me gustara la ensalada (receta tomada de una revista).” (Ibídem, p. 39) En la propia obra se evidencian los esfuerzos de Charlotte y de otras mujeres por alcanzar un ideal de belleza imposible, que el propio Humbert anhela y encarna en Dolores Haze. Humbert no se censura al mostrar su aversión hacia las desesperadas mujeres que, aunque quieran, nunca serán lo que es “su Lo”, pues están condenadas a no lograrlo, ya que “la idea de reducción en sitios específicos es científicamente imposible y cruel, ya que crea expectativas en las mujeres que nunca pueden convertirse en realidad.” (Bartky, p.140)

     Además de la estructura ósea, otro requisito primordial dentro de la construcción del ideal femenino encarnado en Lolita es la piel, dejando que el propio Humbert ilustre cómo ésta debe ser, se cita: “maravillosa piel, oh maravillosa: suave y tostada, sin el menor defecto.” (Nabokov, p.23) La descripción propuesta por Humbert no está nada alejada de la que describe Bartky en su obra: “La piel de una mujer debe ser suave, tonificada, sin vellos y tersa; idealmente, no debe mostrar ninguna señal de uso, experiencia, edad o profundidad de pensamiento.” (p. 141)

Fuentes

Bartky, S. L., (1990) Feminidad y  dominación. Estudios en la Fenomenología de la Opresión, Nueva York: Routledge.

Nabokov, V. (1975) Lolita, Barcelona: Grijalbo.

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